Durante muchas décadas, las agencias de publicidad se han caracterizado por ser unos estamentos supremos, que se han enfocado en lograr premios y reconocimientos, tener solo clientes famosos y manejar unas estructuras creativas que más que equipos de trabajo son escenarios de egos y “abolengos”, que han llevado los procesos a unas burocracias creativas en donde los “gurús” de la publicidad se deben tomar su tiempo para crear campañas disruptivas, que en muchas ocasiones no obedecen a las necesidades del mercado frente a los objetivos de comunicación del cliente. De igual manera algunas de estas agencias se han enmarcado en ofrecer un servicio base y cada centímetro que la solicitud del cliente se mueva, genera unos costos adicionales, situación que hace sentir a los clientes exprimidos, lo que en muchos casos termina desprestigiando al gremio, “Crea fama y échate a dormir”.

Ahora bien, existe la otra cara de la moneda en donde muchas agencias que no cuentan con tanta trayectoria y que tienen en muchos casos estructuras pequeñas -en donde el empleado tiene que hacer de todo un poco- se han encargado de subvalorar el esfuerzo creativo y operativo, lo que ha permitido canibalizar nuestra profesión u oficio, o en muchos casos quedándose cortos en la calidad del servicio prestado, situación que hace sentir a los clientes frustrados, lo cual también termina desprestigiando al gremio. Y muchas otras aplican el refrán de “Ofrecemos tres servicios bueno, rápido y barato” en donde si es bueno y barato no es rápido, si es rápido y bueno no es barato y si es barato y rápido no es bueno, lo que implica que nunca habrá un servicio adecuado para cada tipo de cliente, y es ahí en donde está el gran secreto, en el servicio, eso es lo único que esperan los clientes, un buen servicio, que se debe reflejar en tres aspectos fundamentales enfocados en generar un buen producto, en un tiempo acorde con las necesidades del cliente y a un precio justo, logrando que el cliente sienta que lo que está contratando en realidad tiene el valor que corresponde.

Valdría la pena redefinir qué reconocimientos quieren tener las agencias, si una repisa llena de trofeos o unos clientes que perduren en el tiempo, generen estabilidad, estén a gusto con el servicio prestado y se vuelvan los mejores embajadores de cada una de nuestras agencias.